Internacional Escuchar artículo

El sol que riega Saná: la revolución silenciosa que salva al Yemen de la oscuridad

Lo que comenzó como una respuesta desesperada a la parálisis energética del Yemen es hoy uno de los movimientos de energías renovables de más rápido crecimiento en Oriente Medio, devol...

Lo que comenzó como una respuesta desesperada a la parálisis energética del Yemen es hoy uno de los movimientos de energías renovables de más rápido crecimiento en Oriente Medio, devolviendo la luz a hogares, comercios, hospitales y colegios que, de otro modo, estarían sumidos en la oscuridad absoluta.

Para agricultores de Saawan, una localidad agrícola en la periferia oriental de Saná, como Muhammad al Ghaffari, la energía solar ha sido la diferencia entre la supervivencia y la ruina.

"La energía solar nos ha salvado de verdad", afirmó el viticultor.

Al Ghaffari recordó con amargura cómo los viticultores se veían obligados a vender parcelas de sus tierras año tras año solo para poder costear el gasóleo necesario para que sus viñedos no murieran de sed.

Un solo barril de combustible llegó a costar 200.000 riales yemeníes (unos 375 dólares) y regar una sola cosecha requería al menos tres de ellos.

Con unos costes de producción disparados que duplicaban el valor de la venta de la cosecha, el colapso era inminente.

"Cuando la energía solar pasó a estar disponible, los agricultores asumieron otro riesgo y vendieron más tierras para poder permitirse los sistemas de bombeo solares. El resultado fue extraordinario", explicó Al Ghaffari, que calcula que los costes de funcionamiento se han desplomado, devolviendo la rentabilidad al campo.

"La mayor parte de este valle solía estar yermo. Ahora apenas queda un solo trozo de tierra sin cultivar", dijo.

La fiebre del sol no se limita a los campos de cultivo. En las calles de Saná, los negocios que sobrevivieron a los bombardeos y al bloqueo económico languidecían bajo el yugo de las tarifas de los generadores comerciales privados, que proliferaron tras el apagón de la red pública.

Salim al Dhahhak, gerente de un supermercado de la capital, recordó haber gastado enormes sumas de dinero en electricidad comercial tras el colapso de la red. Su factura ascendía a unos 160.000 riales (unos 300 dólares) cada dos semanas.

"Se llevaba gran parte de los ingresos de la tienda", detalló. La instalación de paneles solares cortó de raíz esa sangría: "Ahora, básicamente, tenemos electricidad gratis. Ya no dependemos de la red comercial".

La desesperación por subirse a esta transición energética ha llevado a muchas familias a tomar decisiones extremas.

Por otro lado, en la provincia noroccidental de Hajjah, el sastre Hashem Muhammad vio cómo su negocio se ahogaba bajo facturas mensuales de luz de hasta 650 dólares.

Cuando la distribuidora local le cortó el suministro por un retraso de dos semanas en el pago, Muhammad no lo dudó: viajó a Saná y vendió las joyas de su esposa para reunir los 4.200 dólares que costaba un equipo solar propio.

"Espero que el sistema elimine mis gastos de electricidad y me permita mantener mi negocio a flote", declaró, mientras adquiría el equipamiento en un mercado de Saná especializado en tecnología fotovoltaica.

Sin embargo, en un Yemen devastado por el conflicto donde las instituciones apenas pueden ejercer control regulatorio, este milagro renovable proyecta su propia sombra.

Las agencias de ayuda humanitaria coinciden en que la energía solar ha devuelto servicios básicos esenciales a la población, pero los expertos ambientales empiezan a encender las alarmas por un efecto colateral preocupante: la sobreexplotación de los recursos hídricos.

Al no costar dinero el bombeo continuo de agua, la presión sobre la cuenca de Saná -uno de los acuíferos con mayor estrés hídrico del planeta- se está acelerando sin precedentes.

Abdul Karim al Hewati, vecino de al Ghaffari en los viñedos de Saawan, reconoció la encrucijada.

"Solíamos pasar horas haciendo cola en las gasolineras para intentar comprar gasóleo. Ahora ya no lo necesitamos. En lugar de cosechar una vez cada tres meses, cosechamos cada mes porque nuestro suministro de agua ya no se interrumpe", admitió.

El reverso de esa abundancia es la sequía del subsuelo.

Al Hewati relató que dos de sus vecinos tuvieron que profundizar recientemente sus pozos hasta los 800 metros para poder seguir encontrando agua.

Sin una gestión hídrica rigurosa que regule el uso de estas bombas solares de bajo coste operativo, la energía que ha salvado temporalmente a Yemen del colapso energético corre el riesgo de acelerar el agotamiento definitivo de sus últimas reservas de agua.

Por ahora, bajo el sol implacable de la península arábiga, la luz sigue siendo el único motor de supervivencia para millones de personas atrapadas en una tregua invisible.

Fuente: https://www.abc.com.py/internacionales/2026/07/17/el-sol-que-riega-sana-la-revolucion-silenciosa-que-salva-al-yemen-de-la-oscuridad/

Comentarios
Volver arriba